Cómo trabajamos  
 

Un niño se esconde entre las piernas de su mamá cuando llegan a la casa de alguien que no conoce, cuando antes era el primero en sentirse atraído por cuanto objeto nuevo encontrara sin reparo alguno en tocarlo, chuparlo, morderlo y hasta tirarlo…
¿Qué sucedió en el medio?

Existe un momento a lo largo del desarrollo psicosocial de un niño en el que la vergüenza empieza a tomar un rol preponderante. Se esconde abrazado a su mamá cómo si eso lo protegiera de ser visto, se tapa los ojos y espía, se sonroja. Estos signos nos alertan acerca de una timidez que toma cuerpo en ese niño y por tanto, toma su cuerpo. Algo se expresa en lo somático de ese niño y lo que notamos cómo patrón es el esconderse para no ser visto. De modo tal que poniendo atención en esto, que parece a primera vista un detalle, podemos comprender un poco más de que se trata lo que le sucede a nuestros hijos.
Existe un momento en el que el niño toma conciencia de la mirada del otro como tal y es de eso que hay que esconderse. Si bien a partir del año en adelante esto tomará diversos modos, los primeros albores de la vergüenza se constituyen a partir de que el niño toma conciencia de que hay otros que lo observan y lo sancionan. El niño busca la mirada y la expresión de la madre para “saber” si le duele o no cuando se cae y encuentra en esto un punto en que la mirada del otro que le hace de reflejo y lo orienta. El primer espejo es la madre. Luego, de a poco, percibirá otras miradas sobre si mismo y uno de los efectos de esto, es la timidez.
Por lo tanto, podemos decir que se trata de algo esperable por lo que el niño atravesará y es parte de su inclusión en el mundo social que se expresará acorde a las particularidades de cada niño. En algunos casos con mayor fuerza que en otros e irá variando en el mismo niño en diferentes momentos acorde a sus circunstancias vitales.

Otra dimensión que se abre…

Todo adulto que está en contacto con chicos sabe que lo único estable en relación al niño es el cambio. Por eso cómo padres aparecerá inequívocamente la pregunta acerca de cuándo uno debería preocuparse en relación a este comportamiento- y a otros…!
Es importante tener presente la diferencia entre vergüenza e inhibición. Aquello descripto hasta acá, tiene que ver con lo primero. Ahora, cuando percibamos que hay algo que frena nuestro hijo, que tiene consecuencias a nivel del movimiento, que lo impide de hacer, lo retrae y lo excluye de entrar en contacto con otros, estamos en presencia de una inhibición. En todo caso, el niño podrá sobreponerse a la vergüenza con la ayuda del adulto: si el adulto “invita”, el chico, acepta. “Mirá que lindo el juguete que hay acá, vamos a recorrer esta casa que no conocemos…” Probablemente, el niño vaya olvidándose. Cuando se trata de una inhibición, la rigidez de la conducta la torna más difícil de conmover y en todo caso, si resulta persistente, puede ser recomendable realizar una consulta.

 
 
 
   
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