El miedo es uno de los afectos que mas nos interroga a los padres y por lo general nos cuesta resolverlo cuando se presenta.
Todos los niños experimentan temor en algún momento, pero el miedo es constitutivo del psiquismo,
es decir, es inherente al desarrollo emocional del ser humano.
Por definición, el miedo es la respuesta frente a una situación de peligro. Una de sus características, es que pareciera estar claramente vinculado a un objeto, que se puede localizar, nombrar o definir de alguna manera. Esto lo distingue de otros afectos como la ansiedad y la angustia.
Cuando el temor es incesante, el niño no logra pensar en otra cosa y no puede realizar sus actividades ni jugar, si este temor interfiere con otros aspectos de la vida del niño, a esto lo denominamos fobia.
La fobia se encuentra acompañada de conductas de evitación.
Entre los cinco y los nueve años es esperable que se presenten los temores basados en seres sobrenaturales, fantasmas, brujas, a la oscuridad, a dormir, a estar solos, a la muerte, a los exámenes escolares.
Presenciar algún suceso impactante puede dejar recuerdos atemorizantes y sensación de indefensión. Asi como también constantes situaciones de tensión en la vida familiar pueden generar sensación de incertidumbre y miedo.
Desde que un niño comienza a tener vida social, por el ingreso al colegio, desconocemos muchas de las situaciones que viven y es difícil determinar que los atemoriza o que causo el temor.
Cuando un niño tiene miedo, observamos un cambio en su comportamiento. Puede ser que se muestre retraído o inseguro, cuando no lo era habitualmente. Deja de tener interés por los juegos. Comienza a tener problemas para dormir o para quedarse solo cuando anteriormente lo hacia sin problemas.
Es importante no desestimar esas diferencias que notamos en su conducta. A veces los padres decimos: “quiere llamar la atención” y con esa excusa les prestamos menos! Detengámonos unos minutos y tratemos de pensar con ellos que esta sucediendo.
El simple hecho de hablar con otros conjura los temores.
Es importante crear un clima de confianza. Si el niño piensa que será castigado por insistir en llamar de noche o que sus temores serán revelados a otras personas, dudosamente se animen a confesar su malestar. Cuantas veces respondemos a este tipo de cuestiones diciendo, “eso no existe, o es una pavada”. Fundando así el temor al rechazo, la incomprensión y el sentimiento de soledad: siente que los adultos no pueden ayudarlo y esta solo con esto.
Es razonable que nuestros hijos no se animen a contarnos lo que les pasa. Muchas veces ni siquiera ellos lo saben con certeza, o carecen de mecanismos apropiados para expresarlo.
Algunas cosas que pueden servir de ayuda:
Dibujar: en ocasiones dibujar una pesadilla puede ser el final de esta.
Saber escuchar: Una escucha atenta, observando sus expresiones, atendiendo a lo que dice y a lo que calla, su lenguaje corporal y las emociones que refleja nos ayudará y al niño. No desestimar nunca los argumentos del niño. Escucharlo y hacerlo sentir querido y protegido, cuidado. Esto solo ya puede ser gran parte del camino hacia la solución.
Si lo que asusta es la oscuridad, se puede jugar de día a la búsqueda del tesoro, a buscarse a oscuras en la habitación, con una linterna.
Para desactivar el poder de algunos miedos puede ser útil usar a la magia: muñecos o amuletos en las puertas y ventanas que los “protejan”, hadas, cazadores de pesadillas, angeles de la guarda, bajo la almohada.
La literatura infantil, en particular los cuentos clásicos, permiten enmarcar, ubicar en un lugar, los temores. El miedo esta en un suceso, es un momento del cuento, se supera o se resuelve.
A veces también ayuda al niño, construir un cuento, ayudarlo a escribir sus relatos, que lo ilustre.
Si le es permitido, junto con el sostén de los adultos, el niño elabora algún método singular para sobrellevar el miedo, se construye una trinchera, encuentra un objeto que lo protege o le permite arrinconar este temor y así olvidarse un poco, conciliar el sueño, jugar, circular nuevamente solo por la casa y por su vida. |