Desde hace algunos años a esta parte el fenómeno de la sobrestimulación y sobrexigencia la que estamos expuestos loa adultos se trasladó también al mundo de la infancia. Si el adulto, trabaja 12 horas por día y aún después, su agenda está repleta de actividades, de un modo u otro esto se transmite también los chicos que después de estar de 8 a 17 en la escuela tienen inglés, clases particulares de refuerzo u horas y horas jugando con la computadora…A veces, hasta parece que la vida del chico es una réplica de la vida del adulto
Cómo padres la disyuntiva aparece rápidamente: cómo limitar algo de esto sin que queden por fuera de la particularidad de la época en la que les toca vivir.
Pareciera que el ritmo en el que entran los chicos los lleva de obligación en obligación y de actividad en actividad, con lo cuál la pregunta que se nos presentifica, es qué lugar queda para ellos puedan desplegarse en un espacio de juego libre.
¿Qué es el juego libre?
Todo momento que el niño disponga para ser el único que decide cada detalle en lo que incumbe a ese espacio lúdico. Si bien, puede ser en presencia de un adulto, se trata de poder abstenernos para ser observadores, ir y venir, pero no participar activamente. En todo caso, se trata de que el niño pueda inventar sus propias reglas y poner en juego ahí su particularidad. Por que es esto lo que falta frente a una pantalla de computadora o de televisión donde en definitiva se trata de tomar lo que viene.
A veces los adultos creen que un chico “está estimulado” porque está constantemente en actividad y rodeado de juguetes, cuando en realidad se trata de que pueda jugar con una cosa a la vez y a través de eso explorar. Esto implica transmitirles a nuestros hijos que hay un tiempo de descubrir: un tiempo para cada juguete, para cada actividad, para cada cosa en la vida…No quiere decir que el niño no pueda jugar a la play o conectarse a Internet, prohibir esto sería negarlos como sujetos de su propia época. Pero si hacer entrar algo que tenga que ver con una medida: así cómo hay un momento para comer, otro para bañarse y otro para dormir, hay un momento para la computadora y otro para….
Lo que indican estos puntos suspensivos es que habrá ahí para cada quien algo diverso y particular.
Y cómo padres nuestra función será acompañar a nuestros hijos en el advenimiento de algo que los represente como individuos.
En definitiva, creemos que existe una particularidad de la infancia y de cada niño. Se trata de poder pensar y respetar eso. Porque el descubrimiento se da a partir de la subjetividad puesta en acto.
|