Cerca de los 12 meses es cuando el niño comienza a descubrir que tiene movilidad propia. Esto implica un punto de inflexión en el desarrollo infantil. Te contamos acá algunas consideraciones a tener en cuenta para que puedas acompañar esta etapa del desarrollo de tu hijo a través del juego.
En este momento, el niño inicia el proceso que le permitirá finalmente entrar en contacto social con otros: jugar, entender y escuchar queriendo ser partícipe. Por eso, un juego que entusiasma mucho a los más chiquitos es incluirse en las tareas de los adultos. Ayudar a poner la mesa llevando un individual o pasar un trapo para limpiar… Los niños demasiado pequeños todavía como para ayudar en la casa, se sienten grandes cuando tienen la posibilidad de colaborar con las tareas domésticas. Se tratará entonces de incluirlos en la dinámica del hogar y divertirse juntos!
La música también comienza a ser percibida desde otro lugar al ponerse en relación a los logros paulatinos de la movilidad. Cantar y bailar alrededor de la casa con su música favorita suele resultar muy atractivo, congelar el baile y quedarse inmóvil. Pronto tu hijo intentará convertirse en estatua también. Cualquier juego que incluya intervalos es beneficioso para la constitución de la paciencia, de la tolerancia y la frustración. Ya en este momento tu hijo comienza a incorporar las reglas de estos juegos lo que le permitirá luego ponerse en ritmo para jugar con niños mayores.
También en este momento, comenzará a interesarse por los elementos de pintura: incentiva sus garabatos, este es el primer paso para el dibujo, al igual que balbucear es el primer paso para hablar. La dactilopintura brinda otro modo de acercamiento al dibujo, en el que queda comprendida no sólo la creatividad sino también el reconociendo del propio cuerpo: usar los dedos cómo si fueran un pincel. También podés incluir los juegos de “cómo si” ya que éstos tienen fuerte arraigo en el desarrollo de la fantasía. Por ejemplo, hacer cómo si el palo de escoba fuese un caballito y correr galopando…
No nos olvidemos de incluir el tiempo en el que el niño juega sin pauta alguna…eso también es de suma importancia para su desarrollo. Cómo adultos, oscilar entre los momentos en que proponemos y lideramos una actividad lúdica y aquellos otros en los que acompañamos cómo observadores mientras él interactúa con los objetos del mundo que le interesan (no necesariamente juguetes!), nos brinda un panorama amplio al que debemos estar atentos para poder acompañar el crecimiento de nuestros hijos. |