Cómo trabajamos  
 


Uno de los primeros modos en  que el recién nacido se acerca al universo de los objetos, es a través de la función que le permite alimentarse. Esto hace que lo oral tenga un rol privilegiado en  torno al  conocimiento y reconocimiento del mundo por parte del bebé. Es por eso que el morder toma ciertas veces una preponderancia imprevista en el desarrollo del niño. Entender las posibles causas de este comportamiento puede ayudarnos a saber qué hacer frente a esta situación.  


Los niños pequeños pueden morder por diferentes razones, y no todos responderán a los mismos tipos de intervención.
Muchas veces, los bebés lo hacen de modo experimental: chupar y morder todo lo que encuentran a su alcance, morder el pecho de la madre  cuando se está alimentando, por ejemplo, cómo modo de conocer el mundo. Esto ocurre en muchas oportunidades cuando el bebé empieza a cortar sus dientes y si bien responde a una necesidad, los adultos deben usar rápidamente señales claras para comunicar que los bebés que  no deben morder eso. Ya en este estadío es bebé puede comprender  un “No” de la madre que ayude a despegar el comer del morder ya que  no deberían de superponerse. Asimismo, ofrecerle objetos aptos para morder (mordillos congelados, zanahorias frías, etc.) ayuda al bebé a comprender la diferencia: el terreno de “lo mordible” es diferente al terreno de “lo comible”.
En niños de mayor edad el morder puede entenderse cómo un modo más de llamar la atención del adulto: por ejemplo, morder a otro niño. Este es un modo del niño de lidiar con sus frustraciones .En estos casos es importante explicar al niño que morder duele. Muchas veces, recuperar el sentido común es la mejor forma de acercamiento a un niño…De esa manera el adulto propone al niño un espacio  abierto para expresarse a través del lenguaje: hablar cómo modo de elaborar sus frustraciones.
También el morder puede expresar un modo defensivo para el niño: morder cuando se siente asustado o amenazado por alguna situación. En todo caso, debemos estar atentos a cuestiones que pudieran estar interfiriendo en la vida del niño (llegada de un hermanito, muerte de un abuelo, separación de los padres, alguna situación difícil en el jardín…) para poder situar si la conducta de morder se encuentra ligada a alguna de estas situaciones. Hacer saber al niño que estamos al tanto de esto que le pasa y abrir nuevamente a un espacio de palabra favorece  que pueda desarrollar nuevos estrategias de defensa vinculadas al lenguaje.

El centro de la cuestión radica en comprender el porqué de la conducta. En principio, identificar patrones puede resultar útil: ¿cuándo muerde?, ¿es siempre a la misma persona? ¿ qué tienen en común estas situaciones en las que se desata la conducta?  En todo caso, comprender es el inicio del camino a desandar.  

 
 
 
   
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