Tomando la descripción que hace el pediatra y psicoanalista infantil, D. Winnicott, podemos pensar a la creatividad en sentido amplio. Llamamos creatividad a cualquier actitud hacia el mundo. Esto puede comprenderse fácilmente si lo contraponemos al acatamiento, lo que implica tomar pasivamente lo que viene del exterior. Obedecer, mantener las formas, respetar el orden.
Evidentemente no hay educación sin cierto grado de acatamiento, pero resulta fundamental dejar espacio para que aparezca algo del orden de lo nuevo. El adulto, presenta al niño un mundo de lo instituido, lo constituido, el “se hace así”.
Cómo padres, nuestro desafío constante, reside en saber escuchar, mirar y percibir, la actitud de nuestros hijos hacia el afuera. Y esto, sin duda, nos confronta a que aparezca lo particular de ese niño…
Si estamos atentos, lo que nuestro hijos nos hacen ver es que todas las recetas caen…no existe nada que sea de una vez y para siempre a lo largo de un proceso de desarrollo. Cuándo pensamos que “ya está” es cuando vemos que hay que empezar de nuevo. Cuando encontramos LA forma en la que un bebé se duerme o se calma, esa forma no sirve más…! Del mismo modo, un niño puede copiar a la perfección un dibujo de una casa en una foto, pero es el día en que se anima a que el techo sea, por ejemplo una nube, o que el sol no sea amarillo, cuando muestra algo de sí mismo. Esto, es otro modo de relativizar la realidad…y no acatar la realidad como absoluta es lo que le permitirá al niño en su adultez pensar y tomar decisiones creativas.
Es en el espacio que el adulto deja entre lo instituido y el mundo, que el niño se las ingenia para aparecer con su subjetividad. Y esta subjetividad, es la que da forma a la creatividad tal cómo la planteamos. Porque si bien es fundamental estar presentes cómo padres haciendo las veces de guía a lo largo del crecimiento de nuestros hijos, también es importante ponernos cómo observadores y advenirnos a nuestra propia sorpresa… |