A lo largo de los últimos años, prácticamente todos los padres nos encontramos familiarizados con una sigla: ADD. Esta indica el diagnóstico de “Déficit de falta de Atención”, acorde al DSMIV, manual de psiquiatría ¿No es extraño que TODOS conozcamos un diagnóstico dado desde la psiquiatría?
Esta situación nos invita a sospechar. En la actualidad todos conocemos un adulto con “Ataque de Pánico” y un niño con “ADD”. Muchas veces, desde las escuelas se sugiere que un niño podría tener ADD y se reenvía a los padres a una consulta. Otras tantas lo sugiere un familiar que lo ve inquieto en la cena. Si ese niño no presta atención en clase, le cuesta seguir las consignas de la maestra o se muestra con necesidad de moverse, tiene ADD.
Esta situación, genera que la sigla antes mencionada se haya naturalizado y convertido en un rótulo y cómo tal, deja de lado la pregunta por la particularidad de ese niño. ¿Qué le pasa a ese chico en particular que está expresando aquello que está expresando…? Si suponemos que “tiene ADD”, entonces esta pregunta carece de sentido porque el ADD lo dice todo. Pero muchas veces dando por sentado, nos perdemos de prestar atención a la situación personal y única de ese niño. Un rótulo generaliza, mientras una pregunta acerca del malestar de uno, particulariza y podría ayudar a esos padres a entender a ese hijo.
Pero también existe otro riesgo cuándo un diagnóstico es tomado tan a la ligera. En muchas ocasiones, los niños diagnosticados de ADD, tienen referida una medicación. Hay muchos niños menores de 12 años que toman medicación psiquiátrica. Si bien seguramente en muchos casos es necesario, los invito nuevamente a la reflexión, ya que no se trata únicamente de los efectos adversos que pudiera tener la medicación sobre el niño que seguramente hoy son mínimos, sino también de lo que sucede más allá del fármaco, un mensaje que le transmitimos al niño implícitamente cuando le damos una pastillita cómo solución a su problema… Es la solución de la inmediatez de la época. “Si tomás esto, te curás”. Esto es lo que les transmitimos a nuestros hijos cuando muchas veces también podría solucionarse poniendo en juego las coordenadas de la situación de ese niño. A lo lago de la infancia existen pequeñas crisis vitales constantemente: la llegada de un hermanito, la muerte de abuelo, los cambios propios de cada edad… Deberíamos cómo padres estar atentos a estas cuestiones y realmente oponernos a que la medicación sea el primer recurso. Si es necesario llegar a medicar a un niño, que sea por sobre todo, al final del camino y habiendo agotado toda opción.
Las Claves de la Situación
Consideramos que se trata en principio de repensar el término ADD, de modo tal que ya no se trate algo de todos los días ni que nos resulte tan familiar, sino que podamos realmente acceder a un buen diagnóstico. Saber que no cualquiera lo padece y que tampoco cualquiera puede diagnosticarlo.
En principio, será necesario una consulta con el pediatra y si éste lo considera necesario entonces será él quien nos derive con un especialista. La mayoría de las situaciones comprometedoras surgen de un mal diagnóstico.
Estar siempre alerta de las problemáticas de nuestros hijos y en especial a cualquier cambio que pudiera acontecer en su entorno escolar y familiar. Y por sobre todo, saber que somos el adulto responsable y cómo tal podemos preguntar y decidir al lado del profesional a cargo teniendo en cuenta que muchas veces existe más de un modo de abordaje. |