El encuentro con un hijo siempre se inscribe bajo las coordenadas de lo inesperado en el que aquello fantaseado hasta el hartazgo no alcanza para dar cuenta de lo que está a punto de suceder en el inicio del vínculo entre una mamá y un bebé. Porque un hijo que llega es tan propio cómo desconocido.
Que haya lugar para sorprendernos y para inventar. De esto se trata...
Cólicos, dormir y no dormir, la teta, el sacaleche y la mamadera,
¿Boca abajo o boca arriba? Todo depende de la época
Lo que te dice tu suegra, tu mamá, tu amiga!
Lo que no entendés…
Lo que te sirvió con tu otro hijo y ahora…
Una noche que durmió seis horas y estás más descansada
Hoy se sentó treinta segundos y es un gran acontecimiento
Pero se despierta de nuevos cada dos horas a la noche
Y vuelve a cambiar
Y si se para, pareciera que es la primer persona del mundo que va a caminar.
La comida, qué le gusta, las mil formas de preparar el mismo puré
Dejarlo algunas horas, volver al trabajo y mirar fijo el teléfono
Ahora se da vuelta solo y lo rodeas de almohadones pero te da miedo de que no alcance
Después gatea y la casa es otra
Los enchufes tapados, las ventanas con redes
El living es un gran playroom
Y cada vez estás a punto de tropezarte
La primera palabra ¿mamá o papá?
Parece que dijo “agua”…
Le llenaste su habitación de juguetes de colores pero el mejor es tu celular
Y parece que se va a largar a caminar
¿Sigue tomando mamadera?
Se cayó de cola y se ríe
Se vuelve a levantar y cuando te das cuenta, tomó más velocidad que vos
Te pide un cuento para dormirse
Te escucha, te mira
Y vos,
Nunca sacaste tantas fotos en tu vida! |